El formador excelente

Os habréis preguntado en más de una ocasión, qué características tiene un formador excelente. Parece que tenemos claro qué es un alumno excelente, sin embargo, del formador, cada uno tiene una opinión.

Desde el año 2000, se vienen generando estudios sobre la profesión docente en Europa. Su perfil, viene condicionado por las necesidades y estrategias de aprendizaje de los estudiantes en una sociedad globalizada y fuertemente digitalizada. Esto supone convivir con culturas plurales, integrar estímulos, accesos a la información, diferentes formatos, modos de comunicación, orientar el pensamiento crítico, incorporar la tecnología a la vida cotidiana y profesional, adaptarse a cambios repentinos y aprender por uno mismo (NGA & CCSSO, 2010; Partnership for 21st Century Skills, 2016) y da paso a una visión más amplia como, autonomía, asunción de responsabilidades, el trabajo en equipo y la capacidad de aprender a aprender (Galvis, 2007).

Diferentes autores como Tardif (2004), Regan (2002) Tejada (1998), Llessar y Lahaye (1991), Shulman (1987), Grossman (1990), Zabalza (1990, 2006) o del Moral (1998), Perrenoud (2004), Galvis (2007), Bernal y Teixido (2012), Freire (2012), Fullan (2002), Hargraves (2012), Perrenoud (2006), Marina (2015), Ibañez Martín han investigado sobre la competencia docente proponiendo diferentes dimensiones: pedagógica, social, curricular, conocimiento de la materia a impartir, adaptación a los cambios, tolerancia a la incertidumbre, interpersonal, reflexión sobre la práctica docente y capacidad ético-profesional.  La OCDE (2005) incorpora, además: idiomas, multiculturalidad, cuestiones de género y de convivencia, diversidad del alumnado y nuevas tecnologías…)

Según indica el Informe Mckinsey (Barber y Mourshed, 2008), los docentes con un alto desempeño profesional logran avances tres veces más rápido en sus alumnos que los docentes con un bajo desempeño. Es más, continúa diciendo, que alumnos expuestos a docentes con un bajo
desempeño durante los primeros años de escolarización, tienen escasas posibilidades de recuperar los años perdidos, de ahí de la importancia de pensar y repensar las cualidades pedagógicas y personales de los docentes. Esto se transfiere en todos los niveles educativos y también en la formación permanente.

Pero NO, sólo, con buenos docentes no basta.

Centrémonos en este post en recoger algunas de las investigaciones sobre las competencias docentes, sin ánimo de que recaiga en el formador toda la responsabilidad. Hay otros elementos de crucial importancia para conseguir una formación de éxito.

En 2007, Ken Bain publicaba Lo que hacen los mejores profesores universitarios, donde enumera una serie de principios que comparten los profesores excelentes:

  • Estas son:
    • Crean un entorno para el aprendizaje crítico, desafían a los estudiantes y los comprometen intelectualmente;
    • Consiguen la atención de los alumnos y la mantienen a través de preguntas interesantes;
    • Comienzan conociendo a sus estudiantes y luego dan paso a la explicación de la disciplina;
    • Buscan compromisos con la clase y con su aprendizaje;
    • Ayudan a sus estudiantes a aprender fuera del aula, los estimulan a que busquen respuestas;
    • Atraen a los estudiantes hacia el razonamiento disciplinar, es decir, no buscan que memoricen la asignatura, sino que la razonen, la comprendan, la piensen y la pongan en práctica
    • Crean experiencias de aprendizaje diversas, atendiendo a la diversidad de ritmos y
      de estilos de aprendizaje de sus alumnos.

Estas y otras cuestiones se pueden clasificar en diferentes competencias docentes, así, por ejemplo, Zabalza (2009), mencionaba

  • Las siguientes:
    • Capacidad para planificar el proceso de enseñanza-aprendizaje, adaptado a los estudiantes y variado en cuanto a técnicas e instrumentos metodológicos;
    • Capacidad para seleccionar y preparar los contenidos disciplinares, que sean apropiados, valiosos, actualizados y útiles; 3) Capacidad para ofrecer informaciones y explicaciones compresibles y bien organizadas, es decir, poseer habilidades comunicativas;
    • Capacidad para manejar las nuevas tecnologías;
    • Capacidad para diseñar la metodología y organizar las actividades;
    • Capacidad para comunicarse-relacionarse con los alumnos, cuidando el clima del aula y potenciando una pedagogía del encuentro;
    • Capacidad para tutorizar, evaluar e identificarse con la institución y trabajar en equipo.

Por otro lado, Villarroel, V., y Bruna, D. (2017) realizaron una investigación tras entrevistar a alumnos sobre las cualidades docentes, y en aquella ocasión, hablábamos de una formación presencial. Diferenciaban entre competencias generales, específicas o transversales. No obstante, ahora que estamos desarrollando cada vez, una formación digital, sobre todo dirigida a mayores de 16 años, tal vez, alguna de ellas haya cambiado de posición.

Os dejamos aquí las competencias por orden de prioridad que los alumnos establecieron. Si pones en ratón encima del número te dará más información de lo que significa cada una.

Por supuesto, este es un espacio al diálogo y puedes hacer tus sugerencias a lo que aquí hemos escrito. Nos enriqueceremos todos .Como siempre, el objetivo de estos posts es la reflexión y valorar, cuál o cuáles de estas competencias tenemos suficientemente desarrolladas y cuáles tenemos que desarrollar, con el fin de mejorar como profesionales de la formación.

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Déborah Martín Rodríguez

Déborah Martín R. lleva más de 25 años implementando metodologías activas en diferentes organizaciones tanto en formación presencial como en formación online. Es experta en diseño de instrucción, pedagogía activa y herramientas digitales para el desarrollo de las competencias. Ha sido profesora de varias Universidades Iberoamericanas y sus clientes están repartidos por todo el mundo. View all posts by Déborah Martín Rodríguez

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